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viernes, agosto 23, 2013

Post viejito 1

Cumpliendo con parte de mi promesa les traigo un post viejito viejito, pero bonito. Esto lo redacté en diciembre de 2005…!

De hecho considero que ya no escribo así (tal vez escriba PEOR, jajaja) pero me trae buenos recuerdos. Ojalá les guste:

















Las Quinceañeras (o los peligros del ridículo)

Recordaba que muchas veces tuve que ir a tocar a eventos como Bodas y Quince Años... Uno tiene en ocasiones oportunidad de ser testigo de horripilantes escenas, todas ellas fruto de la "creatividad" de los que organicen la fiestecita, ya sean los papás, o el "coréografo" (así le dicen al jotín que hace ensayar ridiculeces a la de la fiesta y a los chambelanes) o que en el peor de los casos son producto de ideas de los parientes, amigos y hasta de la quinceañera.

Por eso decidí hacer mi propia lista de

Tarugadas inútiles, ridículas y absurdas que no se deben hacer en unos Quince Años

1.- En los Quince Años se baila un vals. No considere a jotitos como Chayanne o Ricky Martin con sus rolitas cursis, rositas y espantosas como "pista" para que la bailen como vals.
2.- Evite que la escuincla quinceañera haga acrobacias en su baile. Si la morrita pesa más de 70 kg. es mayor el riesgo de un azotón. Olvide la regla esa que dice que la extravagancia en los pasitos de baile debe ser directamente proporcional a la gordura de la festejada. Es mentira.
3.- A menos que pertenezca al ejército alguien de la familia, considere que es absolutamente ridículo que los primitos, amigos y el galán de la quinceañera vistan así:














Aplica también para el uso de uniformes "de utilería", espaditas "de mentiras" y demás elementos falsos.
4.- No es "original" hacer que la quinceañera salga desde dentro de una cajota de regalo. Tampoco permita que le hagan "cortinas de humo" o entradas espectaculares. La pirotecnia se usa en ferias, corridas de toros y fiestas patronales en ranchos. No en un salón lleno de invitados.
5.- Tampoco es "novedoso" o "encantador" instalar un columpio lleno de flores para mecer ahí a la criatura.
6.- La rolita ochentera que dice "Y ahoooraaa, despieerta la mujeer que en mí doormiiiaaa.." es lo más choteado que puede existir. Aparte es de pésimo gusto. Pone en evidencia a toda la familia.
7.- Los pasteles "con fuentecitas que funcionan de verdad" o con "una bailarina que se mueve" también son naquerías que nadie valora. Y cuestan.
8.- Evite que los papás le regalen a la quinceañera:
-Su último biberón
-Su última muñequita
-Su último __________ (escriba aquí el artículo infantil de su elección)
9.- El vals es una obra musical que tiene cierta duración. No guarda relación con las ganas que tengan TODOS los invitados de pasar al centro del salón a darle de vueltas a la escuincla.
10.- Evite que se ponga pedo el papá, el tío, el abuelo y el padrino de la quinceañera. Por lo menos ANTES de que se decidan a "dirigir unas palabras" en el micrófono.
11.- El vestido de la quinceañera debe ser sobrio. Queda terminantemente prohibido el uso de accesorios con foquitos, lucecitas, diodos. No importa que a alguien se le haya ocurrido que "sería muy padre apagar las luces y que se vea el vestido en la oscuridad"
12.- Queda prohibido también el uso de vestidos con adaptaciones que lo conviertan en minifalda o en traje estilo dominatrix o gatúbela. No importa que sean para usarlo en una de esas coreografías bien moderrrrnas.
13.- Al no quedarle más remedio al chambelán que ir a la fiesta y hacer el ridículo enfrente de sus cuates, hay que verificar que antes de salir a bailar lleve zapatos y no tenis.
14.- La Quinceañera es una chavita que, según sus papás, está a punto de convertirse en mujer (ja-ja-ja), no es una Reina de Belleza, así que no hay razón para que le ponga cetro y corona. No importa que brillen re-gonito.
15.- El vals es un momento especial. Si lo repiten porque no lo vio tu abuelita que se quedó dormida o porque no salio en el video le dan en la madre a la expectativa.
16.- Un tío o un primo que sabe hablar bien bonito es sólo eso. No es un maestro de ceremonias. Una fiesta de 15 años no es una ceremonia. Punto.
17.- Si la quinceañera se pierde de vista junto con el chambelán al menos 20 minutos en la fiesta y regresa toda desgreñada y retocándose el maquillaje, no hay de que apurarse. Recuerde: Ya es tooda una mujer.



viernes, agosto 09, 2013

Centro de oportunidades… sí cómo no.

No, no he estado inactivo. Es que blogger es como una exnovia a la que extrañas, pero ya no ves. O por lo menos no lo ves como antes.

Sin embargo, este espacio no se muere, mis amigos. Les iba a pegar un link de otro sitio donde escribo semanalmente, pero primero uno de los textos que podrán leer allá:

Centro de Oportunidades…Sí, cómo no…
En la “vulka” se puede ver de cerca el tiempo pasar. A veces corre muy lentamente: el día va pardeando y la espera desanima por saber que el regreso a casa será con unos pocos centavos en la bolsa y muchos callos en las negras manos.

A veces, cuando la chamba es tupida no se da uno abasto. Y consideras seriamente hacerte de un chalán para que te ayude, se gane unos pesos y puedas abarcar más carros en un día. Pero en días como hoy, cuando no se paran ni las moscas y no hay mucho por hacer entonces te pones a pensar si tiene sentido mantener el negocio abierto. Gastando luz. Por más que te vaciles a la chamaca de los abarrotes y por más vueltas que le des a las páginas de un libro o una revista no puedes evitar pensar en el tiempo que se escurre. Se fuga lentamente como el aire de una llanta ponchada. A veces no lo notas y hasta que te das cuenta la llanta está en el piso y otras el silbido no te deja en paz, suena y sabes que se desinfla poco a poco.

Ayer pusieron un anuncio frente a la vulcanizadora: Dicen que la ciudad es número uno en seguridad, en oportunidades de trabajo, en competitividad y que es un lugar ideal para vivir. Te dan ganas de invitar a los que hacen esos anuncios a que te ayuden en la “vulka” un sólo día: Cargar llantas, desmontar rines, buscar clavos o pijas encajadas y retirarlos, preparar los parches, cargar el gato hidráulico, cuidarte de no ser atropellado por los taxistas. Darte prisa en entregar la llanta, ir a cambiar a la tienda el billete que te pagan, machucarte los dedos con la barra de acero, inflar una llanta recién parchada esperando que no te reviente en la cara y al terminar el día poder cerrar el negocio sin que te caiga la banda pidiendo la cuota semanal, caminar por las calles echando siempre una mirada hacia atrás para verificar que no te sigan y así pasar a la panadería y gastar lo poco que ganaste en el día en leche, huevo y pan para la cena. Al llegar tu señora te notifica de los pagos que siguen pendientes y armándote de paciencia decides no hacer bronca.

Eres contador público, pero resulta que el mercado está saturado de profesionales de tu campo. Tu papá te enseñó a trabajar desde chico en la vulcanizadora, así que cuando murió te encargaste del negocio. Vives en una colonia de la periferia porque a pesar de que a veces ganas bien, es un ingreso que no es seguro, así que pagas una renta pequeña y aunque en la familia son cinco, ahí la llevan. Ya llevas un dinerito reunido y piensas que por fin podrás sacar del taller tu viejo carro y echarlo a andar.
A veces quieres decirle a tu señora que te ayude con los gastos, pero bastante chamba tiene con los niños pequeños, así que empiezas a pensar en buscar otro trabajo, que sumado al de la vulcanizadora y al puesto de tacos que en las noches pones afuera de la casa te dejará más dinero.

Así que a veces si la chamba está baja como hoy, te pones a pensar en esos anuncios que publican… ¿Tierra de oportunidades? ¿Cruce de caminos? ¿Ubicación privilegiada? ¿Centro de negocios?

Sí, cómo no.

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(Este texto y otros más los podrán leer semana a semana en

www.laorquesta.mx

namás hacen scroll hasta abajo donde aparecen los colaboradores y ahí aparezco con mi nombre real: Arturo Haro)





miércoles, diciembre 05, 2012

La banda del carro rojo

 
¡Ah! los torteros no siempre son muy inteligentes… para muestra el botón de ayer… para empezar con éstos amigos no puedes llegar así como así a pedir tu torta a lo salvaje, ¡no señor! primero se saluda como persona bien nacida que es uno:

–¡Buenas tardes!
(El radio a todo lo que da, sinonizado en «La Caliente»)
–¡BUENAS TARDES!
–Buenas, buenas…
(Aquí deja uno pasar al menos un minuto, todo mundo alrededor saboreando su deliciosa torta de lomo)
–¿Qué va a ser?
–Una de lomo por favor
–¿Nomás una?
–Nomás una, gracias
–¿Con todo?
–Sin cebolla, nada más
–¿Para «aquí» o para llevar?
–Para aquí, gracias…

(Pasan 5 o 10 minutos mientras siguen despachando tortas a lo salvaje y sin contemplaciones.
Menos la mía, claro está)

–¿Qué le falta? ¿Ya lo atienden?
–... Una torta de lomo, nada más…
–¿Con todo?
–Sin cebolla…
Interrumpe el otro tortero, el famoso «Kissifur»:
–Es ésa, mira… esa de ahí
–Pos sírvesela, o ¿Es para llevar? –Me pregunta la señora
–Es para aquí –respondo famélico

Se vuelven a voltear a la plancha, el panzón sirve un par de tortas a un viejito que se las regresa «No seas malito, ¿me las partes a la mitad?», la señora sigue rebanando tajadas de lomo. Cuento 5 minutos más, sé que fueron al menos cinco porque escuché una canción completa de los «Invasores de Nuevo León» en «La Caliente»… más un par de chistes malísimos del locutor que se la pasa enamorando a las radioescuchas que llaman para pedir canciones. Empiezo a pensar en irme a comer algo a otra parte. Los clientes siguen llegando al carrito rojo de la esquina de Nereo Rodríguez Barragán y Librado Rivera.

–¿QUIÉN FALTA? ¿QUIÉN SIGUE?

Como veo que varios recién llegados levantan la mano hago lo mismo, pero doy un valiente paso al frente.

–Yo ya tengo rato aquí, señora…
–¿Qué pidió usté?
–Una de lomo, nada más…
–¿Para aquí o para llevar?
–Para aquí (empiezo a perder la paciencia)
–¿Con todo?
–Sin cebolla…

La gente sigue llegando. Un carrito lleno con unas cinco o seis personas se estacionan atrás mío. Eso es un peligro latente, porque seguramente pedirán un par de tortas cada uno, más otras para llevar a los que no cupieron en el carro. De a dos tortas por cinco o seis, son doce, más unas cuatro o seis más… veinte tortas «para llevar»…

Al lado mío un cliente que llegó al mismo tiempo que yo pregunta: «¿Ya están las mías?»

–¿Cuáles son las suyas?
–Dos cubanas y dos de lomo
–¿Con todo?
–Las dos de lomo sin salsa, nada más
–¿Y a las otras dos sí les pongo salsa?
–…

Aquí sí ya no me aguanté. Hice lo mismo que mi vecino:

–Oiga, ¿Y mi torta? ¿Tiene muchas antes?
–La suya era de lomo ¿verdad?
–Sí.
–Ya sírvele su torta al señor –interrumpe la señora y voltea a verme
–¿Nomás una?
–Nomás una, sí.
–¿Con salsa?
–Sip.
–Con todo, ¿entonces?
–Sin cebolla… gracias.

El «Kissifur» sujeta el cucharón de madera y con maestría hace un elegante movimiento de swing que hubiera envidiado cualquier experto golfista. Siete tortas han quedado copeteadas con una cucharada de salsa verde después de su swing. Mis tripas también hacen swing ruidosamente dentro de mi panza.

–¡A VER MI REINA, ¿QUÉ SE LE OFRECE CHIQUITA? –vocifera el locutor de radio a través de una minúscula bocina llena de cochambre.
–Pues quiero que le dedique una canción a mi novio que está trabajando en las Lomas…
–¡CÓMO NO MIJITA! Y ¿CÓMO SE LLAMA TU NOVIO?
–Se llama Efrén
–¿AHH, Y A QUÉ SE DEDICA EFRÉN?
–Trabaja en la construcción
–¿BUENO Y CUAL CANCIÓN VA A SER?

Dejo de poner atención a la radio y vuelvo a dirigir mis baterías a los torteros. Muero de hambre, pero no dejo de admirar la rapidez de movimientos precisos y repetidos hasta el cansancio: Rebana cebolla, la carne en cuadritos, gruesas tajadas de queso y aguacate. Saca el plato de la bolsa de plástico. tira la bolsa de plástico al bote de basura, corta una nueva bolsa del rollo, envuelve el plato con la bolsa y le hace un nudo pequeño. El menos hábil es el garrotero que limpia platos y recoge basura, envases de refresco, servilletas. Se da cuenta de que lo estoy mirando y me pregunta:

–¿La suya cómo era?

No lo puedo creer. Pero me armo de paciencia.

–Una de lomo, por favor (los otros dos torteros voltean a verme)
–¿Con todo?
–Sin cebolla
–¿Para aquí o para llevar?
–…Para llevar… digo, digo… para aquí, para aquí por favor.

Con destreza cubre mi torta con papel de envoltura, la mete en una bolsa junto con un par de servilletas y me extiende la mano con la bolsa. Me le quedo mirando, parpadeando repetidamente.

–¡Ésta es la suya! –me dice impaciente
–La pedí «para aquí»
–¿No era para llevar?
–…
–…¿?
–… No.

El «Kissufur» fastidiado saca la torta de la bolsa, la desenvuelve del papel y la presenta en un plato y me la pasa.

Todavía ocupé un momento más en abrir mi torta y sacarle TODOS LOS TROZOS DE CEBOLLA que le habían remetido.

En menos de tres bocados me comí la pequeña tortita. Yo recordaba claramente que los bolillos eran más grandes que esta miniatura de pan. Nota mental: «Escribir un pequeño texto que compare los bolillos de "La Superior" con algo más que se haya vuelto microscópico»

Seguía con hambre, pero no iba a pedir otros 10 o 15 minutos de suplicio.

–¿Cuánto es? –pregunté a la señora
–¿Qué fue?
–Una torta, nada más
–¿Refresco?
–No.
–Son veinte pesos

Al pagar me suelta el consabido «¿No trae cambio?» y yo hago mi mejor representación de alguien que revisa con cuidado sus bolsillos. Me regresa un puño de moneditas de a peso, de cinco y de diez pesos.

Mientras los contaba y guardaba en mis bolsas el locutor de «La Caliente» ya estaba preguntándole a otra muchacha si tenía novio.